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1.13.2004

SALUD!
MANOJO


Este cabrón no ha de sacar ni un perro de una milpa. Mírale las manos, se ha de limar las uñas haciendo gestitos uyuyuy; y no es que le ande buscando un callo, una heridita o manchas, sino que hasta las mueve como si no las quisiera gastar. Ha de ser hijo de papi y de seguro se baja en el Jardín de la Unión y enfila hacia la Universidad. ¡Mira nomás! Así que para estirar la mano con éxito no hay que tener ampollas, ni recetas andar renco o manco, basta con tenerlas tersas y limpias, bien cuidadas y que de repente agarren un libro o escriban sesudos trabajos escolares ... ahh, pero se muerde las uñas ¿cuál lima ni qué ocho cuartos?, ha de andar medio neurótico porque de seguro tronó una por andar de noviero, o capaz que ya lo mandaron a freír espárragos, sabes qué estoy saliendo con otro, no te enojes, chao, y como si nada te buscas otra, no será la primera vez qué demonios. O hasta te dejaron porque no traes coche y por eso te subiste al camión aquí en Tepetapa, ¡Mira que juntarte acá con los de a pie! No se te vaya a pegar un olor con lo apretado del braceo a esta hora de la mañana.
Eso sí, con los refrenones de este infame camión bien que se agarra y apepena, no queda de otra; recargón para allá ay perdón señorita, no fue de adrede y unos ojazos cruzan lumbre y se van a estrellar contra el medallón trasero porque yo ni en cuenta, recargón para acá y órale gordo mugriento ya cansaste con tu pasaje joven, pasaje joven; qué falta de concentración y memoria, y ¡por favor! mira que manos: regordetas, quemadas y sucias como las monedas que va tintineando, que va mas bien apretujando mecánicamente. Rutina idiota y exasperante, les pensará sacar jugo o las va a multiplicar como panes nada más que con la fe comercial; lo cierto es que con tanto apretón de manos a la tercer parada del camión ya escurren gotas de sudor y los olores se doblan y triplican con los dedos. Recórrase joven, más atrasito por favor, y me subo a la sardina listo para la etiqueta; pues a dónde quiere que me haga, me subiré encima de la señora con bolsas del mandado, al cabo ha de estar acostumbrada a cargar pues aunque sus manos no se ven tan maltratadas hay que verlas de cerca para notar pequeñas cicatrices y fuerza, sí, ama de casa, trastos ropa preparar la comida a cien por hora para que se la coman a doscientos, y luego otra vez al mandado y más trastos y más ropa; pero que buena madrecita si hasta por eso le llevamos gallo el 10 del mes anterior, y ella ahí entre el gentío del camión estoica como la Mona de la Paz, y la desnudez de sus manos de seguro es archivo muerto para sus hijos, eso sí que no me los toquen porque aunque no tenga uñas saco las garras, y a mi nadie me dice como educarlos, que hagan lo que quieran para eso tienen a su madre. Sí. Luego les pasa algo y hay que armar un lío grande, una revuelta para tapar el pozo.
Carajo, qué rayos pensará el chofer, cuando más prisa tiene uno parece que lo adivinan y entonces van al pasito, ronroneando el camión en primera, como calentándolo, como muy magnánimos cediendo el paso a todos; si vas en coche al contrario: te avientan la lámina se paran en plena calle donde hay espacio para que se orillen; y para colmo parece que en el Mercado se bajan a almorzar una eternidad y suben muy contentitos limpiándose una mano en la otra y echándole traguitos al refresco de al lado, eso si con unas manazas de apretar tuercas y cambiar llantas, como que sería manicidio jugar a las manitas calientes con ellos. ¡Oiga, qué no va a avanzar nunca? ¡¿Pues cómo quieren?! Y te deja ahí plantado el grito. Atónito. hecho un tontito, una nada, para que aprendas mejor a volar, para que de tus manos saques plumas que te vistan. Si no fuera porque no todo es color de hormiga, con un golpe de vista cambias de mundos y de historias y las manos papalotean y pulen los cristales, limpian los tubos, descarapelan en techo del camión se bajan y saltan, otras suben y empujan, aquellas aflojan las tuercas de los asientos para hacer algo, unas se soban entre sí con voluntad o por accidente, una se agarra de donde puede porque ya se le despatarró la asentadera; y a veces hay una mano magnífica, tersa y larga, suave y delicada como pájaro fino que con vuelo rápido y preciso da en la jeta de una mano que se pasó de lanza, y enseguida todas las manos se reacomodan unas se rascan la cabeza, los testículos, se soban las piernas, la panza; otras se corrijen la cara la blusa o hasta el cierre del pantalón, algunas otras se autoaprietan como queriéndose matar por el calor o la tardanza y hay la que se cuelga aferradamente del timbre porque ya se pasó, andaría de boba o hasta una siesta se reviró; y luego en Embajadoras hasta parece fin de ruta, bajan manos morenas y blancas con cajas con bolsas con atados con manojos, por ahí traían unas gallinas y hasta una manita de puerco sentí con la voltereta que me hicieron dar, total pura mano trabajadora o con futuro porque también bajan manos con cuadernos y lápices, juegos de geometría y maquetas escolares, de seguro van tarde a la secundaria y agarraron el primer camión que pasó, el que les quedó a la mano, y ahora sí a correrle, mire maestro había mucho tráfico, no sea malito déme una mano, y bueno pues qué hacer. Lástima. Tanto trabajo y esfuezo y sudor, la lana se la van a llevar otros, a menos que les echen una manotota, o de que sepan meter la mano pero de diferente manera, en fin manos van y manos vienen y esta mugre tendrá que llegar algún día a la Presa, por más que aprieto los tubos y le doy golpecitos a las ventanillas y a la lámina el chofer no acelera, manolítico, ha de tener todo el día. Y ni modo de echarme a correr o sacar el gordo para pedir aventón, hay veces que nadie te puede echar una mano y peor cuando no te la quieren echar, claro que hay otros que si te la echan te sofocan, checa si no al gordo aquel: manotas de cesta de tortillas, y además peludas y güeras, ha de ser vendedor o con ese mochilón algo se trae entre manos, pero se le hacen unos hoyitos bien cotorros cuando las extiende, le dirán el nene, y todos sus músculos los interóseos, abductores y flexores de la mano han de estar afelpaditos de lípidos y clarines sin venas, no es digamos sanguíneo, le habrán dado sus buenas tundas en la escuela nomás por buenote, eso siempre se confunde y pues si te dejas te cargan la mano; no esta chava estiradilla que de seguro se baja en la Normal, manos largas y delgadas, con las uñas pintadas de rojo y bien grandotas, muy arreglada y muy mona dizque ya se va a estudiar, todo le han de hacer; mami dónde está mi blusa, te dije que quería la blanca no la azul aich, y frunce la nariz como oliendo la Calle Subterránea, aunque podría ser de las que hacen todo y hasta estudian, pero entonces serán postizas. Lo que no puede disimularse son las venas saltadas verdes o azulosas, el temblor esporádico, los nudillos filosos de camorrero, el carácter general de una mano y los vicios e historias que hallan debido soportar, ve estas manos tembeleques y sucias, nudillos de provocador ... Ahh, por fin. Ya llegué. si hasta parecía manda, pero tanto tráfico puede ser buen pretexto para llegar tarde o a ver si ni lo notan. Ahora sí, cruzo la calle y subo la escalera, abro con cuidado y cuando enfilo a mi habitación, horror, de la sombra salen súbitas unas manos bituminosas, fortísimas, son negras como un destino no deseado; relativamente cortas inexorables me estrujan la camisa ya sin corbata y la solapa del traje, me sacuden un momento inmenso para luego llevarme izado y dando bandazos al interior, son garras son tenazas, las venas saltadas, la sangre casi verde, con ojotes con gritos con improperios. Ya no hay salida, qué te crees, dónde andabas, por qué no llegaste a tu casa, conque sólo una fiestecita con tus amigos; y los dedos se solazan con mi cuello y empiezan a apretar. Vaya forma de irle a la mano a uno, no?

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